aún más roto.
Kiara, mientras estaba el día lunes avanzando por el pasillo de la universidad, sostenía un teléfono entre sus manos. David, le había enviado un mensaje. Había estado enfermo toda la semana.
De pronto, algo la detuvo. Al levantar la cabeza, vió a David frente a sus ojos. Se dieron un abrazo.
—¡Estas bien! –exclamó con una enorme sonrisa Kiara. Él se rió.
—¿Y tu amiga? –preguntó con una risita y ella le dio un golpe en el hombro.
—¡David! Estabas enfermo –lo regañó, dándole un codazo amistoso mientras avanzaban por el pasillo.
—¿Y? Ahora me siento mejor. Me da tanta… pena no haber estado haciendo el trabajo...