Emilia, luego de llevar a David a su casa, se desplazó hacia su casa. Abrió la puerta, e ingresó con toda velocidad hacia su hermano. El mismo, estaba sentado con unos cuadernos sobre su regazo. Frente a él, había algunos Betas.
—Hola, ¿me dejan a solas con mi hermano? –preguntó Emilia y la sala, comenzó a pasearse poco a poco. Hasta que quedaron solos. Alexander, la observó con una ceja levantada. Supuso porque estaba tan alterado su hermano.
—Te dije que no… te entrometas –comentó convencido y ella asintió.
—No tienes derecho a lastimarla –murmuró y él se rió. —¡Alexander!
—Puedo hacer lo que quiera. No eres mi madre –masculló...