—¡Largo! ¡Salga de mi cama! –escuché unos gritos, pero aunque hiciera un enorme esfuerzo por abrir los ojos, no podía. En cuanto pude visualizar mi alrededor, sentí un golpe seco en mi cabeza ¿Estaba sobre el suelo? Confundida, finalmente me terminé de despertar e hice una mueca hacia mi esposo.
¿Me había tirado al suelo?
—¿Te… sentías incomodo? –quise saber y negó.
—No entiendo cómo se toma las atribuciones de tutearme y además… dormir en mi cama –respondió y lo observé perpleja. Mis ojos recorrieron su cuerpo y luego su rostro. Sus ojos me miraban de una manera… peculiar como si no me reconociera.
—Soy… tu esposa. Es normal que...