—¿Curiosos, eh? —sonríe Damián—.
—Nos mantenemos más tiempo sin sangre en el sistema que un vampiro normal y tenemos suministro de sangre de los hospitales.
No me gustaba el hecho de que mis hombres se complacieran bebiendo sangre humana, aunque fuera de un banco de sangre. Eso me ponía celosa y no sabía por qué.
—Eso significa que los has reclamado como tuyos. Eres algo territorial.
—Ahora me tienes para eso. No me gusta compartir tu satisfacción, aunque sea de una bolsa de sangre. Eres mía.
Ambos se ríen de mi posesividad.
—Sí, mi reina. sentí que la mano de Damian había bajado la cuerda de mi blusa transparente, y...