Debajo del árbol donde estoy un joven se detiene tratando de ver a su alrededor y me dejo caer, mis pies tocan el suelo con gracia y en total silencio detrás de él.
– Hola – susurro antes de sujetarlo del cuello de su abrigo y estamparlo contra la corteza del árbol haciendo que libere la antorcha que cae sobre la húmeda tierra y ruede unos cuantos pasos lejos de nosotros.
El horror en su mirada por alguna razón me llena de placer, de gusto y rio, lo que escuchan mis oídos incluso hace que mi sangre se hiele, es una risa histérica, fría, maligna. Me siento poderoso, me siento...