—Eres una criatura peculiar mira el hermoso desastre que has creado —mira sobre mi hombro y luego sus ojos azules me miran una vez más con intensidad y cierto orgullo— eres cruel Lex.
Miro a mi alrededor nuevamente sin entender sus palabras. En ese instante lo entiendo todo. Caigo de rodillas sobre la tierra húmeda, mirando al cadáver de la figura que hasta hace unos instantes drenaba. Noto la ausencia de vida en sus ojos color miel, es un joven apuesto que seguro tenía una vida por delante. Killiam se agacha junto a mí y susurra.
—Ya puedes seguirme el paso, no volveré a detenerme hasta llegar al castillo.
Sin agregar nada más se levanta e ignorándome completamente ríe antes de desaparecer. Dejándome sola en medio del desastre que cause. Por un instante me siento perdida, me siento terrible por lo que he hecho. Un repentino mareo me invade nublando mi vista al mismo tiempo que escucho su voz en mi cabeza una vez más.
—Date prisa Lex o volveré para matarte.
Me levanto lentamente como si estuviese desertando de un extraño letargo y comienzo andar siguiendo un rastro invisible dejado por mi creador. Para cuando me doy cuenta estoy corriendo a gran velocidad, sin saber a dónde me dirijo, pero siguiendo mi instinto que me guía hasta él.
Finalmente me detengo ante lo que parecen las ruinas de un antiguo castillo. Killiam se encuentra recostado sobre una enorme roca que cubre una entrada parcialmente derrumbada. Sus ojos mirándome fijamente.
—¿Cómo te sientes? —pregunto sin apartar su mirada fría e indiferente.
No me siento para nada cansada. Parpadeo un par de veces antes de sentir nuevamente ese repentino mareo que me invadió momentos atrás. Mis ojos se posan sobre Killiam quien sonríe ampliamente. Esa expresión es lo último que alcanzo a ver antes que todo se vuelva oscuridad y mi cuerpo caiga al suelo.
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Todo a mi alrededor es oscuridad. Una desesperante y absoluta oscuridad unida a la sensación de encierro y la sed asechando mi existencia, mis ojos no pueden ver nada.
Miedo.
Siento miedo de no poder ver otra vez, de no poder sentir o vivir. mi garganta se siente seca, como si llevase siglos sin beber. Un jadeo escapa de mis labios y abro los ojos de golpe, sentándome sobre una superficie cómoda. La sed haciendo meya en mí. Es desesperante dormirme a diario con ella instalada en mi cuerpo.
Killiam ha desaparecido hace un par de noches, dejándome sola en este maldito calabozo. Con la excusa que “tenía cosas que hacer, asuntos que atender”. No sé cuánto tiempo tengo con esta nueva existencia porque mis sentidos estaban funcionando raro.
Lo único que se es que la odio. Pero sobre todo le odio a él, mi creador. Es cruel, frio, despiadado, maligno y tiene un sentido del humor demasiado… no sé qué termino usar, pero le detesto.
De alguna forma mi humanidad aún está aquí instalada, lo que me agobia y me consume. Sino es la sed lo que me tortura es la imagen del chico en el callejón o los cadáveres despedazados de las figuras encapuchadas en el bosque. Pienso en Kaia y en ese grito de desgarrador que surco el silencio. No entiendo nada, todo es demasiado confuso ¿Qué fue lo que paso?
—Y seguirá siéndolo Lex —la voz de Killiam inunda toda la estancia erizando mi piel.
Lo busco en la oscuridad y o encuentro recostado en una esquina en la pared de piedra. Una sonrisa maliciosa se dibujaba en sus labios, al mismo tiempo que un jadeo se escapa de mis labios al percibir el delicioso aroma de su sangre. Su sonrisa se ensancha mientras susurra con voz ronca.
—La sed es algo con lo que tienes que aprender a lidiar —me explica— cuando estas allá afuera no siempre logramos conseguir presas y cuando se es tan —hace una pausa mirándome con cierto asco antes de continuar—humano es más difícil aun, tienes que comprender algo Lexie, ya no eres humana —recalca y siento que algo se rompe en mi interior con esas palabras— ellos son tu alimento nada más, puro y simple ganado.
Su tono es frio y despectivo, mi garganta se reseca aún más cuando lo siento aproximarse a mí. Sé que puede notar mi sed, mi desesperación, mas no puedo moverme y eso parece divertirle, se sienta a mi lado y acaricia lentamente mi mejilla.
—Tan hermosa, pero tan débil —la yema de sus dedos se desliza con delicadeza sobre mi piel— tendrás que escoger Lex si quieres seguir viviendo o si quieres morir —hace una pausa y sujeta mi quijada— si esta última es tu elección me asegurare que sea una muerte lenta y extremadamente dolorosa.
Su sonrisa se ensancha en su rostro y aparta su frio tacto de mí, lleva su muñeca a sus labios y veo como sus colmillos crecen y penetran la piel pálida de esta. El olor a sangre inunda mis sentidos haciéndome reaccionar, de un momento a otro estoy sobre su brazo bebiendo el delicioso líquido que sale de la herida.
Lo escucho reír por lo bajo, pero lo ignoro y continúo bebiendo con desesperación, siento como su sangre va invadiendo cada rincón de mi débil y desesperado cuerpo. Como mi corazón absorbe el poder que su sangre me brinda.
Siento una de sus manos acariciar mi cabello con delicadeza. Mientras bebo mis músculos se vuelven fuertes, recuperando la energía y la fuerza perdida. Mis sentidos se hacen cada vez más finos y agudos, siento el poder crecer en mi interior como un volcán acumulando presión a punto de estalla, un momento después lo escucho decir con voz fría.
—Es suficiente.
Pero no me detengo continúo bebiendo aferrándome con más fuerza a su muñeca con desesperación. No quiero ni puedo parar.
—Lexie he dicho que es suficiente —su voz es autoritaria y fría.
Sin prestar atención a su orden hinco con más fuerza mis colmillos en su muñeca y lo próximo que siento es su fría y fuerte mano alrededor de mi cuello estampándome contra la fría y dura pared de piedra que cede bajo mi peso.
Un dolor inimaginable se apodera de todo mi cuerpo y veo como sus ojos destellan un brillo rojizo, sus colmillos están a la vista y su expresión es pura ira. Se acerca a mí lentamente, mientras lagrimas comienzan a descender por mis mejillas empapando mi rostro.
—Cuando te de una maldita orden tienes que obedecer, ¿estamos?
Sin esperar a que le responda eleva mi cuerpo en el aire y me lanza contra el otro lado de la habitación donde vuelvo a estrellarme contra la pared de roca haciendo un pequeño agujero en ella. Siento mis huesos romperse con el impacto y como en la parte de atrás de mi cabeza un líquido tibio comienza a derramarse, más lagrimas caen sobre mis mejillas y lo escucho reír por lo bajo, luego ya no lo veo ni logro sentirlo más.
****
Cierro mis ojos sintiendo como mis huesos y mis heridas comienzan a sanar solas a los pocos minutos. Sigo tendida en el suelo frio del calabozo deseando que me hubiese matado y así acabar con este martirio. Después de quizás horas en la misma posición me levanto lentamente y vuelvo a la cama en la que desperté.
Me tumbo sobre ella y me quedo mirando el techo, ahora soy capaz de verlo a detalle. Su sangre hace milagros en mi interior, me siento extrañamente fuerte, de la nada el recuerdo de sus palabras el día que desperté por primera vez junto a él, invade mi memoria.
Dijo que debía concentrarme en su presencia. Cierro mis ojos y trato de hacer lo que me explico esa noche. Al instante soy consciente de todo lo que está a mi alrededor. Estamos en medio de un bosque, cerca de un acantilado, hay animales cerca. Puedo oír como laten sus corazones y justo allí en la cima de una de las torres en ruinas puedo sentirlo.
Killiam.
Abro mis ojos y me levanto de golpe, camino velozmente hacia la puerta y antes de tomar el pomo y girarlo dudo un momento. Tomo una bocanada de aire, —el cual se que no necesito, pero por costumbre lo hago— coloco mi mano sobre este y lo giro.
Sin pensarlo dos veces echo a correr por los pasillos desiertos del castillo en ruinas, siguiendo su presencia que conforme me acerco a él, se hace más perceptible, más imponente, más aplastante.
Finalmente llego a un espacio iluminado por la luna, en la cima de un montón de rocas desplomadas, lo veo sentado, con una de sus piernas colgando hacia el vacío y la otra sobre la superficie, uno de sus codos está apoyado sobre su rodilla y lo escucho reír.
—Me alegra saber que escogiste vivir Lexie.
De un salto esta junto a mí, se acerca peligrosamente a mis labios y deja un beso sobre estos haciéndome estremecer. Se separa y veo esa expresión burlona.
—Ya sabes lo que es la sed, conoces la fuerza de tus semejantes —murmura sin dejar de verme— conoces la fuerza de un sangre pura y lo que su sangre causa en tu organismo cuando la tomas, sabes de la existencia de los lobos, de los druidas del bosque lo deliciosa y poderosa que es su sangre —enumera las cosas que hemos vivido— has vivido suficientes cosas para saber cómo es este oscuro y maldito mundo en el que vivimos.