Este continúa mirándome y luego se acerca más. En un rápido movimiento lo tengo frente a mí, su mano alrededor de mi cuello apretando con fuerza, me levanta del suelo y mis pies quedan suspendidos en el aire. Me cuesta respirar, comienzo agitarme desesperadamente intentando no solo liberarme sino también encontrar oxígeno, sin dejar de mirarme con intensidad susurra.
—No te muevas.
Pero continúo moviéndome con desesperación, llevo mis manos a las de él y comienzo a rasguñarlo, lo golpeo intentando que me suelte, pero solo aprieta con más fuerza. Comienzo a perder las fuerzas y mis ojos comienzan a cerrarse, en ese instante la voz de Killiam resuena en mi cabeza.
—¿Te vas a rendir tan pronto? —su tono es aprensivo— ¿no te das cuenta? hay cuatro altos vampiros frente a ti y ninguno ha podido hacerte daño aun, ¿qué esperas? —me apremia— Haz algo Lexía, abre tus ojos y despierta.
Sus palabras me hacen abrir los ojos de repente y una fuerza que no creí tener se adueña de mí, por puro instinto junto mis piernas y pateo el pecho de Vincent con fuerza para liberarme de su agarre. Este se tambalea y afloja la presión lo suficiente como para tomar sus muñecas y tratar de soltarme, cosa que logro cayendo al suelo tosiendo y agarrando mi garganta.
De pronto siento la presencia de Killiam. Aplastante, desesperante, intimidante, gigantesca. Entre mis quejidos escucho gemir a Cristal, en cuanto abro mis ojos la veo caer al suelo, sangre brotando por su nariz, a su espalda Evan está con los pies ligeramente separados del suelo luchando con una fuerza invisible que lo sujeta del cuello, y Vincent está de pie frente a mi mirándome con odio y resentimiento, luego su boca se abre y suelta un gruñido.
—¡Muéstrate Killiam, deja de jugar!
De la nada un humo oscuro se materializa frente a mí y justo allí esta Killiam parado contemplando divertido como Cristal y Evan son presas de alguna treta hecha por mi creador. Al cabo de unos instantes de mirarse Killiam ríe a carcajadas y escucho caer a Evan y a Cristal sollozar en el suelo, luego su voz irrumpe en mis oídos.
—¿Jugar, quien está jugando? —suelta con arrogancia y hastío— yo apenas y estoy molestándome en pensar en hacerles daño —los mira despectivamente y continua— patéticos mestizos, como puedes rodearte de seres tan insignificantes, ni siquiera estaba intentándolo en serio y mira cómo se desplomaron —agrega girándose hacia mí.
Me tiende su mano y me levanta sus ojos azules me observan y sonríe antes de acariciar mi mejilla.
—A ti te castigare luego —el peso de la sentencia me aplasta.
No tengo palabras y tengo demasiado miedo para decir alguna cosa por lo que bajo mis ojos sumisa ante tanto poder. Killiam pasa por mi lado y se coloca a mis espaldas su voz es un susurro retador.
—¿Lo que querías hacer era esto no? Lexie no te muevas.
Mi cuerpo inmediatamente queda de piedra, siento como una de las manos de Killiam recorre uno de mis brazos hasta el codo, donde lo sujeta con fuerza y luego continua su recorrido hasta mis hombros, aparta mi cabello y respira en mi cuello, apoya su mentón en mi hombro y continúa hablando como si nada.
—Supongo que también intentaste esto —ríe suavemente y susurra— Ignis —de inmediato siento como el calor de las llamas comienza a quemar mi brazo.
Aunque intento desesperadamente gritar y moverme no logro hacerlo. El dolor es insoportable y las lágrimas comienzan a salir de mis ojos, miro a Vincent implorando por ayuda, mientras Killiam a mis espaldas se ríe divertido con la jodida situación.
De la nada el fuego se extingue dejándome un dolor y ardor atroz, horrible y desesperante. Lo escucho moverse y ponerse frente a mí, pero dándome la espalda luego sin más las cadenas invisibles que me atan son liberadas y jodeos incontrolables se escapan de mi boca mi cuerpo desplomándose al suelo.
La atónita mirada de Vincent no se separa un instante de mí. Reviso mi brazo y veo como está comenzando a sanar, el ardor disminuye poco a poco, pero queda una marca roja en ella.
—¿Aun quieres hacer esto Vincent o lo dejamos así por ahora? —ladea su rostro, su voz es pura diversión y burla— no creo que tengas mucha oportunidad con —les da una mirada vaga a los que acompañan al vampiro y continua— estos de tu lado, además creo que tienes cosas que hacer —ríe— me parece que huele a sangre de lobo.
En ese momento Vincent se tensa y se gira hacia Dru, le hace una señal con la cabeza y este desaparece tan rápidamente que ni noto hacia donde se h ido. El líder del clan vuelve a ver a Killiam y le pregunta con un deje preocupado en la voz.
—¿Qué fue lo que hiciste? —la respuesta a su pregunta es un fuerte y ruidos carcajada.
Es esa risa fría e indiferente que me hace sentir pequeña e insignificante. Killiam tiene ese poder de hacer sentir infinitamente pequeño a cualquier ser que este cerca de él.
—Digamos que desequilibre un poco las cosas para que te divirtieras un rato mientras yo me paseo por tu territorio —Vincent se tensa y mira con desprecio a Killiam— ahora toma tu basura y anda a limpiar el reguero de lobo que deje, su asqueroso aroma está infestando el aire puro del bosque.
Sin mediar más palabras Vincent desaparece con los miembros de su clan cumpliendo de inmediato con la orden que le han dado. Killiam se gira hacia mí se agacha y sostiene mi brazo examinándolo con cuidado, viéndolo así de cerca una furia comienza a crecer dentro de mí, por lo que arranco mi brazo y me aparto de él, este sonríe con diversión y se pone en pie.
—Levántate tenemos que irnos —la ira llenando cada fibra de mi ser.
—¡¿Irnos, que te hace pensar que me iré contigo?! Me dejaste aquí sola, sabiendo que los Gremory estaban cerca —le espeto perdiendo el control— luego permites que me lastimen y no conforme con eso tú vas y me prendes fuego, ¿qué demonios te pasa?
Mi respiración entrecortada y mi pecho sube y baja de forma irregular, por un momento no sé qué ha pasado, solo sé que de pronto estoy contra uno de los troncos de con una mano alrededor de mi cuello y mis pies ligeramente suspendidos en el aire.
Killiam me sostiene con fuerza, sin apartar tus ojos azules de mí, su reacción hace que el enojo crezca aún más en mi interior por lo que con los dientes apretados le espeto.
—¡Ya suéltame idiota!
Él sonríe y se acerca a mí poco a poco, su agarre no disminuye, pero vuelve a dejarme sobre el suelo otra vez y sin aviso estampa sus labios sobre los míos.
Killiam me besa con pasión y lujuria, sus labios suaves, cálidos, su lengua explora el interior de mi boca con desesperación, con ansias, luego separa nuestras bocas un poco enterrando su colmillo en mi labio inferior. Siento como este se abre, como la sangre comienza a fluir por el pequeño corte.
Sus labios se curvan en una sonrisa aun sobre mi boca y sin más continúa besándome, sus manos ya no sostienen mi cuello estas descienden por mi cuerpo, hasta posarse en mis caderas, donde siento un pequeño apretón mientras de sus labios se escapa un pequeño gemido. Enrosco mis manos en su cuello y continuamos besándonos con unas ansias locas.
Nos desesperamos más a cada instante y con cada segundo el beso se torna más apremiante, más intenso más pasional, pronto sus labios se separan de mí y con fuerzas me gira poniéndome de espaldas a él.
Siento su nariz sobre mí y la forma en que empieza a oler mi cabello, con una de sus manos lo aparta y comienza a besar mi cuello, siento como su lengua desciende por el borde de mi hombro dejando un reguero de besos húmedos, regresa a mi oreja y entre beso y beso susurra.
—No te muevas, ni hables.
Una vez más siento como mi cuerpo es atrapado por cadenas invisibles y como una mordaza cae sobre mis labios que, aunque quieren gemir bajo sus besos me es imposible. Killiam continúo besándome hasta que lo siento sonreír en la línea entre mi cuello y mi hombro. Tras respirar profundamente sobre el área, sentí sus colmillos hundirse en mi piel causando un ligero dolor, que se convirtió rápidamente en un placer increíble.
Bebe de mi sangre con apremio y desespero, como si llevase siglos sediento. Hasta que comienzo a sentirme débil, trato de soltarme, pero no lo logro, intento gritar, pero estoy bajo el extraño hechizo que su voz le hace a mi cuerpo, pronto estoy demasiado débil para mantenerme en pie, pero sus fuertes brazos aun me sostienen por lo que no caigo al suelo.
Justo cuando estoy por perder el conocimiento, separa su boca de mi cuello y susurra contra mi piel.
—¡Cuida tu maldita boca Lexie! —una clara advertencia que se pierde en medio de la oscuridad en la que caigo.