Vuelve acariciar mi mejilla y aprovecho el momento de silencio y me atrevo finalmente a preguntarle lo que tiene días y noches torturando mi pensamiento.
—¿Por qué?
Mi pregunta parece sorprenderle un poco, su caricia se detiene y por un momento tengo miedo de que pueda hacerme daño, una sonrisa de medio lado se dibuja en su rostro y susurra.
—Es tan halagador que me tengas miedo —se burla— pero Lex eres capaz de soportar cualquier cosa que te haga.
Se acerca nuevamente a mí, e inhala cerca de mi cuello, mi piel se eriza y responde mi pregunta con simpleza.
—Por tu olor.
Se separa de mí y vuelve...