Giro mi cabeza a la izquierda otro lobo ha dado conmigo, gruñe y se lanza contra mí, con sus fauces abiertas, en el aire a un metro de mi estalla en llamas y cae pesadamente envuelto en ellas. Rio, porque se siente fantástico, doy unos pasos más y me agacho para ver el cuerpo carbonizado
– que desperdicio de energía, ni siquiera están dándome trabajo – me pongo en mí y fijo mi atención en los seres que están dentro del laberinto, los ubico uno a uno, miro al cielo y sonrió.
– Ignis – susurro, en distintos puntos del laberinto se escuchan grito y el olor a carne quemada...