Volví a entrar en el cuarto de baño y pude ver que Vicky tenía los brazos rodeando sus piernas. Apoyaba la cabeza en las rodillas y me miraba mientras yo estaba de pie en el baño. Me acerqué y le di el zumo de naranja—. Toma, bebe —le indiqué. Un trago le vendría bien.
—Gracias —murmuró en voz baja.
Giré sobre mis talones y quise salir de la habitación antes de oír la protesta de Vicky.
—No te vayas —dijo ella, con la voz todavía pequeña; frágil por todo lo que ha pasado—. Acompáñame —
Miré por encima de mi hombro a la mujer desnuda en la bañera. Ella no...