—No tienes ropa de hombre, ¿verdad? Me preguntó Harry.
Me di la vuelta y me acerqué a él. Le entregué una toallita y sonreí alegremente.
—No, no tengo —Anuncié.
—Genial —suspiró aliviado.
—No, no es así —Le contesté amablemente—. Porque eso significa que vas a llevar sólo los calzoncillos —
—No puedo evitar que no salgan mojados —contestó Harry.
Puse los ojos en blanco.
—Quítate los pantalones —le indiqué a Harry.
—¿Tienes mucha sed? Preguntó con una risa suave.
—Jesús, Harry, ahora no —gemí.
—Puedes quitártelos —me dijo Harry.
—Tienes manos Harry, puedes hacerlo solo —Señalé.
—No puedo, están frías y duelen —Harry hizo un mohín.
Cedí después de mirar...