El tic tac del reloj en la pared era lo único que se escuchaba. La intensa mirada de Aaron estaba puesta sobre quien pretendía tratar como su cliente y no como amigo. En ese momento, Xander no merecía ningún trato especial. El agente estaba muy cabreado y estaba seguro que si lo cortaban, no sangraba.
—¿Y bien? —Wickerman rompió el silencio—. Te daré la oportunidad de explicar qué coño fue lo que sucedió anoche.
Xander se encogió de hombros y se mostró muy relajado. Tanto, que hizo que Aaron se cabreara más de lo que ya estaba.
—¿Qué quieres que te diga? —dijo él—. Esas imágenes —con su mirada señaló...