Tres meses después.
Un sorbo no fue suficiente, así que se tomó todo el contenido del vaso a fondo blanco. Nada ni nadie podía hacer que Xander dejara de sentirse tan miserable. Ni siquiera las sesiones que Aaron programó con uno de los mejores psicólogos de la ciudad, le ayudaron. Shirley no hallaba la forma de hacerlo sentir mejor, pues su esposo cada día estaba más y más irritable.
Granderson estaba sumido en una profunda depresión, y el alcohol era su refugio. Bebía día y noche.
Trabajar con él se hizo tedioso y casi nadie lo toleraba.
Delgado, barbudo y desgarbado… esa era la imagen que tenía que contemplar Shirley...