Al día siguiente me incorporé a la academia como era lo normal, ya no tenía ningún indicio de malestar.
Estaba charlando con Margaret durante el descanso y la estaba poniendo al tanto acerca de mi repentina gripe. No quise comentarle que Matías estaba en la ciudad, aunque éramos intimas amigas, había ciertas cosas que prefería guardarme para mi sola, sabía cómo era ella, comenzaría a sermonearme por continuar jugando con sus sentimientos.
Estábamos en el cafetín de la academia cuando ella recibió una extraña llamada, antes de contestar observó la pantalla de su móvil y con un gesto de confusión…
—¿Si? —Contestó para luego quedarse en completo silencio—. ¡Bien! Entendido...