Me detengo un momento a pensar antes de irme hacia el patio de celebración.
Observo hacia el cielo oscurecido por la noche.
— ¡Esta hermoso! —exclame— muy tranquilo y oscuro como me gusta, sin nubes, el semblante de la luna es muy blanca brillante, luna llena como deberían ser todas las noches —agregue a mi comentario sin sentido que el aire se lleva mientras retomo camino hacia el edificio.
Pero un miedo sin sentido me invade sin darme tregua a la defensa.
— ¿Qué haré ahora?, soy una profesional, ¿Y si alguna vez medico a alguien de forma errónea? —pensaba constantemente.
Un miedo atroz se apoderó de mí, mi ansiedad golpea la puerta de mi cerebro una y otra vez sin dejarme descansar. Desde mi adolescencia mis problemas con este tema han ido en aumento, aunque últimamente estuve un poco relajada con todo este tema, pero esta noche no era evidentemente el caso.
Estaba muy nerviosa con mi mente puesta en el futuro y no aquí donde me encuentro hoy, me cuesta mucho lidiar con esto.
Mis terapias me han ayudado a mejorar, debería volver a retomar por un tiempo más.
Pero creo que es muy evidente lo que estoy pasando no es nada que alguien más no haya sentido al momento de su graduación.
En el salón ya se visualizan las luces brillantes y la música un poco fuerte, la ovación de los familiares de los egresados comienza a hacerse sentir,
— ¡Mis padres! —dije en voz alta sonriendo.
Dirijo unos pasos hacia la entrada del edificio escolar y una ola de frío me invadió el cuerpo, se me paralizaron las piernas
—Mi ansiedad —dije en tono bajo metiendo mi cabeza entre mis manos por unos instantes para salir de la crisis.
Me levanto y vuelvo a caminar, pero en ese preciso instante escucho un aullido muy preciso y fino como si fuera un animal herido
Giro mi cuerpo hacia el lugar de donde escuché un quejido desgarrador.
Observo con mucha dificultad una silueta parecida a la de un hombre bien alto apenas visible entre los árboles, todo estaba muy oscuro, froto mis ojos para poder observar con claridad, pero esa silueta seguía ese lugar.
Levanta su cabeza y sus ojos se tornaron de un celestes muy atrapante, jamás había visto algo así, eran como dos diamantes que brillaban en aquel lugar tan oscurecido por fisiología del día.
Era increíble, me costó entender que era lo que estaba viendo.
Vuelve a bajar su cabeza pagando su mirada tan penetrante.
— ¡Hey! —le grito, esperando una respuesta, pero no hubo.
Ahora giro completamente mi cuerpo en dirección hacia él, aún sigo sin obtener respuesta.
— ¡Hey! —vuelvo a gritarle.
Levanta su mirada hacia mi nuevamente, pero vuelve a bajarla de inmediato.
— ¿Puedo ayudarte? —le digo ahora en un tono más suave pero aun siendo intenso.
Sus quejidos se hacen escuchar un poco más fuerte.
—Soy médica, puedo ayudarte —le digo acercándome a esa silueta apenas visible por la luz de la luna.
El vuelve a largar un quejido.
Me acerco un poco más, el paisaje que se veía atrás de esa silueta era muy tenebroso, la neblina estaba bajando y la luna muy resplandeciente, una noche muy aterradora.
—Te revisare no tengas miedo —le dije yo acercándome aún más estábamos solo a unos metros, pero aun así no lograba ver su rostro ni su cuerpo solo una silueta semi inclinada hacia adelante en la oscuridad.
— ¡Katia! —me grita atrás de mí.
Giro sobre mis talones, al asustarme por el grito.
— ¿QUE? —respondo horrorizada.
—Ven, ya comienza —me dice desde la puerta Neferet.
— ¡Ahí voy espero! —le digo yo.
Me giro otra media vuelta para poder volver a la situación en la que me encontraba anteriormente, pero esa silueta ya no estaba.
No había nada ni nadie en el lugar, simplemente se esfumó sin dejar huella ni hacer ruido.
Miro hacia todos lados, pero nada logro hallar. Me acerco hasta el lugar donde se encontraba, pero y ya no se encontraba nadie. Agudizo más la vista y pude observar en el suelo un retazo de tela como si hubiese sido arrancada de alguna prenda. Era azul de color muy intenso.
La tomo entre mis manos, la giro para observar con claridad el material por el cual estaba realizado. Tela de jeans desgastados, desteñido y se encontraba en un estado de suciedad bastante pronunciado.
— ¡KATIA! —gritan nuevamente, pero esta vez es la voz de mi madre — Hija, ven aquí —me dice acercándose al lugar donde me encontraba.
— ¿Qué haces aquí hija? —me dice ella abrigándome con una chaqueta que ella llevaba encima — ¡Hace mucho frio aquí afuera! ¿qué hacías hija? —me vuelve a insistir, pero yo sigo con mis pensamientos a flor de piel.
Ella al ver que no respondía, me agarra por los hombros y camina conmigo hacia la puerta de entrada a donde la fiesta estaba a flor de piel.
— ¡Pronto te llamaran para entregarte el diploma y estas aquí parada!, vamos entremos y tomemos un vaso de agua —me dice mi madre mirándome con cara de asombro con ojos bien abiertos.
—Hija ¿qué haces aquí? —me dice mi padre saliendo por la puerta de entrada del salón donde se estaba x dar inicio al acto de graduación.
Yo sigo sin responder, sumergida en mis pensamientos.
—Espera madre —le digo deteniéndome antes de entrar al salón donde estallaba los aplausos.
— ¿Que? —dicen mis padres al unísono
Levanto la mano mostrando el retazo de tela que encontré donde estaba situada esa silueta de una forma extraña
—Alguien estuvo aquí —les digo mirándolos fijamente a ambos a los ojos — les juro que alguien estuvo aquí y me miró muy fijamente.
Mis padres se miran entre ellos y vuelven a mirarme a mí.
—Les juro, estoy diciendo la verdad —les digo de manera cortante con los ojos muy abiertos.
—Lo se hija, sé que es verdad lo que me cuentas, nadie dice que lo que nos relatas es mentira, tranquilízate —me dice mi padre tomándome del hombro.
—Hija ve —me dice mi padre— Ya empezaron los aplausos y tus compañeros entraron al patio para dar comienzo al acto, después veremos que sucedió con esa "cosa" —dice cosa entre comillas con un gesto con sus manos".
—Bueno está bien, respondo yo —volviendo a la realidad de la situación que estaba sucediendo en este momento.
Saco un espejito que mi madre tenía en su cartera, me doy un retoque en mi rostro, acomodo mía prendas y subo las escaleras hasta llegar al lugar de encuentro.
A lo lejos observo a alguien que me saluda muy furtivamente, era Neferet.
— ¿Dónde estabas? —me dice en un tono de malestar —te he buscado por todos lados amiga, hasta tus padres preguntaron por ti.
—No creerás lo que paso —le digo mirándola fijamente.
—De seguro la historia que me vas a contar es increíble pero primero tenemos que graduarnos, ven toma tu gorro de egresada y vamos, después me cuentas esa situación tan maravillosa que seguro te debe haber pasado —me dice tomándome del brazo y poniéndose su gorro de egresada.
Activo mi sonrisa brillos causada por el gloss de la noche y saludamos a todos los que esperaban vernos. Busco a mis padres en la tribuna, los veo a los lejos a mis padres y a Ben.
—Mmm, vino tu hermanito —me dice Neferet, con cara de lujurioso.
—Sigo sin entender cómo te puede gustar mi hermano —le digo haciéndole un gesto de vomito.
—Es precioso, un lindo chico —me dice.
Revoleo los ojos hasta dejarlos en blanco al Imaginarme como sería yo siendo hombre. <Sería un hermoso hombre > —me respondo sola y me río de inmediato.
Al pasar las horas la fiesta se tornó increíble, recibimos los diplomas y tiramos el gorro de egresados por los cielos para la foto que colgaré en el living de mi nueva casa.
En mi mente solo se cruzan pensamientos de bienestar de mi nueva vida, ahora voy a tener una casa y trabajar de lo que más me encanta ¿qué más puedo pedir?, mis padres están muy sanos y mi hermano estudiara en un lugar con buenas referencias.
Mi vida no podría estar mejor.
Al finalizar la fiesta saludo a mis padres y a mi hermano, vamos a cenar con ellos y finalmente me dejan en casa de Neferet.
Al bajar del auto de mis padres los saludo muy felizmente.
—Gracias por estar presente en mi vida son increíbles y gracias por brindarme todo, los amo mucho —le digo muy cariñosamente haciéndole mimos en el cabello de mi madre.
—Es nuestro deber hija—responde mi padre tomándome la mano.
—Sí, pero además de eso es lo que ustedes más quisieron, ahora esos deseos se los paso a Ben —le digo tocándole el puño para marcar hermandad.
—Ve hija, así no me ves llorar —me dice mi madre.
Le mando un saludo desde la ventana con la mano y giro sobre mis talones para tocar en la puerta de entrada de la casa de Neferet.
Observo que toman distancia de mí y camino hacia la puerta de entrada.
Miro hacia la parte oscura de la casa de Neferet recordando lo que había pasado unas horas antes
— ¿Hola? —digo en voz moderada, mirando al vacío esperando una respuesta del otro lado
— ¿Katia? —me dice mi amiga haciéndome saltar de un golpe.
—Neferet me hiciste asustar amiga —le digo con ojos abiertos y asustados tomándome el pecho.
— ¿Qué haces aquí? ¿Por qué no pasas? —me dice ella mirándome de arriba a abajo.
—No nada, es que pensé ver algo —le digo preocupada.
— ¿Y que fue? —me pregunta preocupada caminando hacia el lugar donde me encontraba mirando hacia todos lados en señal de preocupación.
—Escúchame Nef, hoy antes de entrar al salón de la facultad, me habló mi abuela pero la mala señal siempre estuvo así que decidí salir para hablar con ella pero sin éxito, y en ese preciso instante te juro amiga —le decía tomándola del hombro — que vi una silueta pero no pude visualizar quien era, le hable pero no respondía, se notaba que estaba herido o algo le sucedía en ese momento, decidí avanzar para ayudarlo pero al momento de estar cerca mi madre me hizo asustar llamándome de un grito y al voltear de nuevo hacia esa silueta ya no estaba más, y solo encontré este pedazo de tela —le digo mostrando el retazo de tela que había guardado en un bolsillo.
Ella me mira horrorizada escuchando atentamente la situación que le relataba.
—Wow, eso es misterioso Kat —me dice con mirada penetrante.
—Sí, me asustó de poco —le digo con sinceridad.
—Bueno, ven entremos a casa mejor, no vaya a ser que nos coma algo en esta oscuridad— me dice riéndose.
—Vamos —le digo yo tomándola de la mano, entrando a la casa.
— ¿Qué quieres que hagamos doctora? —me dice Nef haciéndome una reverencia graciosa.
—Ahora veamos una película ¿te parece doctora? —le respondo riéndome.
—Bueno, prepararé unos pochoclos dulces y algunas bebidas, prende el televisor y busca alguna película que quieras ver —me dice dirigiéndose a la cocina.
—Bueno, primero iré a ponerme el pijama y vengo —le digo subiendo a la habitación.
Luego de cambiar de ropa, me dirijo al piso de abajo y prendo la televisión.
Me acorde de que le había dicho a mi abuela llamarla, así que decido hacerlo.
Marco unos números en mi teléfono móvil y suena del otro lado, uno, dos, tres hasta que me atiende.
— ¿Abuela? —le digo yo
—Si hija o mejor dicho doctora Katia ¿cómo estás? —me encantaba cuando alguien me decía de esa forma.
—Si —le digo yo riéndome. —me acorde que debía llamarte dime ¿qué me querías contar?, discúlpame anoche no pudimos charlar nada por la maña señal que había en ese lugar, era muy mala— le digo revoleando los ojos hasta dejarlos en blanco.
—Mmm, no recuerdo lo que iba a contar —me dice ella con voz confusa —¿qué te contando en ese momento? —me dice —Tu abuela es muy olvidadiza —añadió.
—Me contabas lo de la casa —le digo con emoción.
—Tienes razón—me dice ella exclamación sorpresa.
—Sí y estoy agradecida por eso, toda la vida —le digo.
—Espero que la disfrutes hasta que puedas comparte algo mejor, bien sabes que esa casa está un poco pasada de moda.
—No digas eso, es una casa, en fin, no sabes lo mucho que me ayudas —le digo con emoción.
—Gracias por valorar eso amor —me dice ella.
Nos quedamos charlando un poco más de otros temas hasta que mi abuela recordó lo que me estaba por contar la noche.
— ¡Ah sí! —me dice pegando un grito que me sobresalte — ya recordé lo que te estaba por contar—me dice.
—Bueno, cuéntame —le digo.
—La casa que te regalamos con tu abuelo, como sabes, está ubicada en las afueras de la cuida y ¿Cómo te digo? —me dice dudando
—No entiendo abuela ¿decirme que? —le digo intrigada.
—No quiero que alarmarte, pero debo advertirte que es un lugar que se torna un poco tenebroso a las noches, pueden encontrar criaturas nocturnas ancestrales —me dice con voz pausada.
Hago una cara de obviedad sin entender.
— ¿Criaturas ancestrales? —le digo riéndome.
—Si —me responde muy segura.
—Criaturas ancestrales ¿Cómo cuáles?
—Escúchame hija, en las noches de luna llena debes cerrar todas las puertas y ventanas, te enseñare hacer runas, hasta que puedas encontrar algo mejor para vivir.
Le respondo en risas
— ¿Que dices abuela?, no entiendo nada de lo que hablas.
—Cómo te digo hija, hazme caso, en las noches de luna llena debes quedarte en casa y no salir por nada del mundo, sino serás presa muy fácil de esas criaturas —me dice muy segura —ahora debo irme hija, no olvides lo que te alerte sobre esos días, hazme caso —me dice cortando la llamada.
— ¿Criaturas ancestrales? —digo yo en voz baja repitiendo una y otra vez, pensando en lo que me advirtió mi abuela.
— ¿Será verdad? —me dije para mí mismo.