Después de una sesión de sexo fabulosa y sin precedente (para mi claro está) creo que ya mis dudas se disiparon, y si no; bueno ya tengo la mente más despejada.
Metí el perro en la camioneta y me dirigí a la casa de mis padres, ni siquiera llevo una mochila ya que mi madre compró mi atuendo completo. Mi teléfono suena y es Nat.
—¿Hola?
—¡Se fue él… él se fue Nap! No está. ¡Pobre, debe tener hambre y sueño! – no entiendo nada, todo el mundo está llorando.
¡Y caigo en la cuenta, Spike!
—¡Nat, Nat! Escucha cariño, tranquila. Spike está conmigo – jadeos y muchos oh, escucho...