—¡Es un hijo de puta! — Liz exclama y yo suspiro decepcionada. — Ya han pasado cinco puntos días y ni siquiera ha tenido las agallas para hablarte o siquiera mandarte un mensaje. — Dice ofendida, la miro y siento como mi labio comienza a temblar.
Quería decirle algo, quería decirle que quizás estaba ocupado con la empresa, o que quizás había surgido un problema familiar y por eso no me ha hablado.
Pero estaría mintiéndole, mintiéndome a mí misma.
-Santa mierda, Isabella, no de nuevo. Se queja en cuanto las lágrimas comienzan a salir de mis ojos.
Siento un nudo formarse en mi garganta y sus manos colocarse sobre...