“¡Deja de decir 'lo lamento'!", grité, y salí de la casa. Después regresé, abrí la puerta y dije: "Quédate en alguna habitación vacía", comenté mientras corría.
No sabía qué hacer, estaba confundida y agobiada. Agustín había regresado, le había hecho una promesa a Eduardo, y ahora estábamos en una encrucijada muy difícil de resolver. ¿Con quién me quedaría? ¿Me quedaría con alguien o me quedaría sin nadie? Eduardo estaba enfermo de nuevo, y ahora no sabía qué hacer. Estaba demasiado confundida, con miedo de arruinar las cosas y de seguir cometiendo errores.
Llegué corriendo hasta la casa de Melisa después de media hora. Estaba sudada, cansada y con lágrimas en...