Mire de reojo, la cama vacía mi costado, donde anteriormente dormía ella.
—¿Y me echabas de menos? —quiso saber divertida.
—Un poco —dije divertida y le saqué la lengua.
Nos llevamos tres años de edad, yo tenía 21 años mientras que ella tenía 24.
Suspiré.
Cuando tomé todas las cartas de amor, que la había dedicado al esposo actual de mi hermana.
Baje la mirada avergonzada, me sentía como la peor persona después de que ella me intentaba ayudar.
Me tomó de la mano, cuando finalmente cargamos la camioneta nueva. Que seguramente el ceo millonario de su esposo la había comprado. Subimos, el encendió el vehículo, y sin mirar atrás...