Eduardo, al parecer había tenido que salir mucho más temprano. Le pareció tierno el gesto. Aunque movió su cabeza de un lado al otro y pensó:
¿Yo... en que estoy pensando?, él no es tierno... él es un cavernícula".
—¿Quién es un cavernícola? —dijo divertida Melisa, sentándose y apoyando su rostro en las manos.
—Nadie, nadie ¿Cómo te está yendo?
—Como digas. Bien, ¿y a ti? además de estar hablando sola.
—¡Melisa!
—¿Acaso piensas que Eduardo es un cavernícola?
—Pues Eduardo, lo es —dijo y se encogió de hombros.
—¿Qué cosa soy? —preguntó una voz conocida.
Brianna abrió los ojos como platos, y se giró de improvisto.
El problema: la...