Narrador.
Lo primero que hace es darle un medicamento para bajarsela. Prepara la tina para bañarla.
—¡Demonios me quedé sin medicamento! —dijo preocupada.
Entonces tomó el teléfono y llamó a Eduardo.
No sabía que hacer, ya había salido a la oficina.
Tal vez estaba en la habitación.
Comenzó a caminar en dirección a la habitación de Eduardo. Unos minutos bastaron para estar enfrente. Golpeó, y giró la perilla. Pero fue más que nada por el apuro Eduardo se encontraba semidesnudo.
Tiene el pecho descubierto, y un boxer, de color azul que marcaba sus piernas, aún estaban tonificadas.
Asombrada se dio la vuelta y sus mejillas se pusieron rojas.
—Lo lamento,...