Aiden miró el identificador de llamadas y cortó, estaba demasiado furioso con quién siempre había considerado su amigo, no quería hablarle en aquel minuto, tal vez en un par de días, cuando la rabia se hubiera disipado, ahora mismo, solo quería conducir aún más rápido para poder estar con su esposa. Pero la insistencia de las llamadas, que entraban una y otra vez, terminaron por rendirlo. Sintiéndose incapaz de controlar su ira y conducir al mismo tiempo, estacionó el coche a la orilla de la carretera.
—Erick.— Contestó tajante.
—¡Joder tío!, ¡Al fin contestas! — Exclamó el otro— Sé que estás enojado conmigo por mi relación con Amelia, pero algo...