Rosse tragó en seco ante sus palabras, no sabía qué pensar al respecto, Marcus le había escrito en aquella carta que la amaba, que estaba enamorado de ella, pero su cerebro había decidido ignorarlo y simplemente, no creerle, no porque Marcus fuera un mentiroso, sino porque, había pasado tanto tiempo creyéndose una rechazada de su prometido, que ahora, la verdad era algo doloroso, la hacía sentir pequeña, humilde e insegura.
Soltó su mano de forma poco sutil, Marcus tuvo que contener las ganas de retenerla, tomarla de vuelta.
—Marcus… Yo…
—No tienes que responder…— dijo rápidamente él, dio un paso adelante, de forma lenta y tentativa, pero su reina no...