Rossete había despertado hace más de una hora, Aiden dormía profundamente en su cama, era una imagen maravillosa y sentía una calidez en el pecho que solo se veía apagada por la incertidumbre de los cuestionamientos que todavía no tenían respuesta. Con mucho cuidado de no despertarlo, se levantó de la cama, tomó su móvil de la mesita de noche y se metió al baño, solo después de dar una breve mirada por un pequeño espacio que había dejado en la puerta abierta y cerciorarse de que su esposo dormía profundamente, hizo su llamada. La línea al otro lado no tardó en coger el móvil.
—Es una sorpresa su llamada,...