Giovanni había llevado a Rossete hasta un apartamento privado de la corona francesa en el centro de Londres, el piso era amplio y la decoración la hacía sentir en el hermoso Versalles, él fue hasta la cocina y preparó dos tazas de café, luego la llevó hasta la sala, una vez que tomó asiento en uno de los victorianos sofás, encendió la pantalla y comenzó a apretar unos comandos sobre la tablet que sostenía, se detuvo abruptamente antes de conectar la llamada que estaba a punto de ingresar en la pantalla de 52 pulgadas que estaba en la pared, Giovanni se giró un segundo hacía Rossete.
—Sabes que no puedo...