Haberla probado, había hecho de Aiden un adicto, pero entendía que no podía saltar sobre ella, al menos no aún, no mientras ella siguiera herida aún y él no hubiera recuperado su confianza. Por ello, después de haberla llevado al orgasmo, le dio un suave beso y se metió en el cuarto de baño para darse una ducha fría y larga hasta que la dureza envergadura entre sus piernas finalmente cedió. Resignado y algo más calmado, salió del cuarto de baño de ella y la vio metida en la cama.
—Rosse — llamó y ella abrió los bellos orbes color cielo mientras él pasaba la toalla sobre su cabello, Aiden...