Un par de días después, Cuando Aiden despertó al lado de Rossette, se dio cuenta de que nunca se había sentido más pleno en su vida, ahí, en su cama, a escasos centímetros de él, dormía la única mujer que lo había vuelto loco desde el primer momento. La francesa dormía de lado hacia él, Aiden apreció sus rasgos tranquilos, casi inocentes, sus pestañas gruesas y abundantes, sus detalles de muñeca de porcelana que parecían que se quebrarían ante la mínima presión, sus labios gruesos, generosos y como su hermosa melena carbón, se perdía entre sus sábanas negras. No quiso seguir apreciando más hacia el sur de la gloriosa figura...