Sara
Dormí pacíficamente y me hubiera gustado quedarme en los brazos de mi Alfa para siempre. Me asomé en la cocina para verlo cocinar el tocino que me encantaba, luego lo vi sacar de la refrigeradora unas manzanas y plátanos. Los peló y cortó antes de dejarlos en la mesa junto con una jarra de leche.
—Ya está listo el desayuno, ¿o solamente estás aquí para verme ser un Masterchef? —me preguntó con una sonrisa de lado y lo abracé por detrás entre risas. Lo sentí tensarse cuando notó que mis pezones estaban erectos—. Debo alimentarte antes de jugar, mi amor. Tu mamá dijo que vendría.
—¿Te habló sobre los...