Antonio
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Al llegar a la manada, la encontré en mi oficina, esperándome. Estaba apoyada sobre mi escritorio, con el c*lo encima de la madera de pino. Apenas la vi, solté un gruñido y ella se puso de pie, notando mi presencia y mirándome con tristeza.
"Antonio, no le falté el respeto a la Luna", se defendió con un puchero. "¿Por qué estás tan enojado?"
Fui hacia mi escritorio y me senté. "Sabes muy bien por qué estoy enojado", espeté, furioso. Golpeé el escritorio con el puño y la vi pararse de un salto cuando el mueble vibró.
"Sé que ella es tu compañera, pero lo que tenemos no se...