Sara
—Hanna, ¿qué pasó? —le pregunté, alarmada, al verla llorando tan intensamente. Mis instintos protectores se activaron y quería saber quién le había hecho daño. Ella corrió a mis brazos haciéndome retroceder algunos pasos por la fuerza que usó. Esto no le gustó a Antonio, pero lo paré de inmediato con la mano cuando vi su intención de separarnos.
Hanna no paró de llorar en ningún momento y así nos quedamos por un buen minutos. Antonio agarró las llaves de la casa, abrió la puerta y nos hizo entrar. Caminamos lentamente juntas y nos sentamos en el sofá. Luego, volvió a la entrada para agarrar su maleta.
—¿Qué pasó, querida?...