Celeste
Como era de esperarse, terminé discutiendo con el Alto Alfa. Me sacaba de quicio que él siempre quisiera tener la última palabra y miré a mi dudoso compañero, quien se quedó sentado sin hacer nada para ayudarme. Aun así, nada de lo que él hiciera haría desaparecer el profundo deseo que tenía de agarrarlo a golpes. Con un suspiro, volteé a mirar al Beta, quien se mostró indiferente e inexpresivo.
Me había aprendido las leyes de los hombres lobo de cabo a rabo y sabía que, si seguía profundizando en los artículos e intentaba conectar las cláusulas relevantes para obtener lo que quería, el Alfa encontraría algún vacío para...