Antonio
Tan pronto como Sara cayó en un sueño profundo, lentamente me la saqué de encima sin despertarla. Supuse que estaría agotada por el viaje de ayer, así que tomé una de mis camisas y la puse sobre su cabeza para que mi olor se quedara junto a ella y creyera que yo seguía a su lado, y así consolarla tanto a ella como a su loba.
Sin embargo, me era imposible contener mi ira, tanto así que mi lobo estaba empeñado en matar a Izan. Es más, sentí el deseo de arrancarle la garganta desde el instante en que Sara me confesó acerca de su traición. Claramente, él no...