Mi corazón late deprisa bajo mi pecho.
Todo mi cuerpo está ardiendo.
Lleno de tensión.
Y pronto me doy cuenta de otra cosa.
Hay algo duro presionándose contra mi espalda y creo saber perfectamente qué es.
Siento como mis mejillas se ponen rojas.
No tardo en reaccionar.
Salto inmediatamente saliendo de sus brazos para ponerme de pie a continuación y automáticamente me giro para mirarlo.
A la luz del día se ve mucho más tentador.
O es quizás que puedo verlo mejor.
Sus ojos brillan con mayor intensidad que antes y me detalla totalmente haciéndome contener el aliento.
Su boca está ladeada en una sonrisa coqueta.
Preciosa.
Pero sobre todo,...