Miré el cielo sentada sobre la arena junto a Maximilian.
Me había traído a una playa sin embargo no era la misma a la que el chico de la otra vez me había traído.
Los dos estábamos en silencio mirando el hermoso acontecimiento.
El descender del sol es simplemente mágico.
Me hace sentir relajada.
Casi como si todos mis problemas desaparecieran.
Sin pensarlo apoyé mi cabeza sobre la de Maximilian y él repentinamente pasó un brazo sobre mi hombro atrayéndome más a la calidez de su cuerpo.
Debo decir que aún sin decir una palabra, estar así con él es simplemente perfecto.
Como un sueño hecho realidad.
—Puedes llorar si...