Pero los papeles quedaron abandonados en un rincón de su escritorio, ni siquiera los miró. Su firma estaba en ellos y no quería verla, si lo hacía la realidad le pegaría de frente: “ya no te quiere”.
Harry se había convertido en la oveja negra de la familia. Susan estaba lívida con él y no perdía oportunidad en echarle en cara lo que había hecho. Daniel directamente fingía que no existía y Charles, a veces, se lo quedaba observando con desconfianza. Él seguía dándole vueltas al tema en su cabeza, había bajado al sector de seguridad a comprobar si era cierto; y era cierto, su credencial había visto y hecho...