Daniel miraba el techo intentando calmarse. Necesitaba detener la oleada de reacciones en su cuerpo, frenar sus pensamientos. Sabía que debía levantarse e irse, pero, al mismo tiempo, no quería hacerlo. Quería disfrutar ese momento, aunque fuera solo una vez. Solo un rato más. Probablemente, no volvería a tener una oportunidad así nunca más. Ella no recordaría nada, y al menos él tendría algo que guardar de toda esta farsa.
Era tan agradable, como si siempre hubiese sido así: ella durmiendo plácidamente en su pecho y él cuidándola. Sin embargo, su propio cuerpo lo traicionaba, y de repente lo invadió una profunda tristeza. No tenía sentido anhelarla, aun cuando estuviera...