Enviaron las invitaciones, contrataron todos los servicios y la iglesia. Todo estaba listo, esperándolos. Solo faltaba el vestido de Laura. Dos semanas sí era poco tiempo para encontrar el ideal, mucho menos para hacerlo confeccionar. Pero era suficiente para que Deanna encontrara el suyo, que resultó ser muy parecido al estilo que en su época usó su soprano favorita.
Un vestido blanco, con los hombros descubiertos y ceñido al cuerpo, pero con un drapeado en la falda. Nada espectacular, cuanto más sencillo mejor. Se suponía que la protagonista de ese día no fuese ella, sino Laura, y para lograrlo iba a hacer falta más que un vestido. Necesitaría la ayuda...