De ahí había salido la fotografía. Tomaron un café, pero volvieron a discutir; Harry era esquivo y a Deanna le fastidiaba que no fuera directo. Finalmente, todo lo que había obtenido fueron puras excusas, frases inconclusas y miradas de soslayo por parte de Harry. Por eso tenía la cara roja y él se veía sombrío.
Daniel y Beverly bajaron en su piso.
—Lamento haberte mostrado eso…
—¿Por qué lo hiciste entonces?
—Seré clara contigo: Deanna es una persona dulce y considerada, pero va a terminar arruinándote.
—¿Disculpa?
—Sí, lo sé. No es de mi incumbencia… A ti no te importan los chismes ni lo que los demás opinen, pero necesitas...