—Elizabeth por favor cariño no tienes que hacer esto, podemos hablar en privado y así puedo explicarte qué fue lo que pasó realmente. Pero no puedes mandar a la cárcel al padre de tu hijo.
—¡Jajá! No me hagas reír Alberto, el padre de mi hijo se está debatiendo entre la vida y la muerte, así que no uses a mi hijo para salvarte de tus errores.
—Pero yo soy el padre legalmente. ¿O se te olvida que lo adopté cuando te casaste conmigo?
—¿Y eso te da derecho a maltratarme?
Gustavo ya había escuchado lo suficiente para tomar una decisión en ese momento:
—¡Bueno ya basta señores! Yo vine...