Gabriel y Elizabeth, se habían quedado dormidos, era poco más de la medianoche cuando de pronto se escucharon unos gritos en el pasillo que despertaron a ambos.
— ¿Pero qué pasa? ¿Qué son todos esos gritos? — preguntó Elizabeth mientras se tapaba con la sábana.
— Creo que es mi madre, debo ver qué está pasando, no te muevas de aquí.
— ¿A dónde crees que podría ir en mi estado? — le respondió con sarcásmo.
— Lo siento cariño, solo quise decir que te quedaras tranquila hasta que regrese. — le dijo mientras le daba un tierno beso en los labios.
Gabriel salió de la habitación ansioso por saber...