— ¡No puede ser! Entonces mis sospechas eran ciertas, esa joven es mi hija. — decía Graciela incrédula, por fin había corroborado que el medallón era el mismo que le había puesto a la pequeña recién nacida que abandonó en aquel orfanato.
Caminaba de un lado a otro angustiada, el pasado había regresado a su vida de forma inesperada.
— No puedo permitir que esto se sepa, ese secreto tiene que seguir en el pasado, porque aunque Ángel Gabriel, no es mi hijo de sangre, él es el heredero de todo este imperio y no puedo permitir que una hija producto de una violación, venga a perturbar mis planes y...