A Sarah se le hizo un nudo en el corazón al mirar a Rachel. Las últimas semanas habían sido muy duras para ella. No era fácil enfrentarse a su jefa todos los días sabiendo muy bien cómo había estado de la mano con el enemigo.
La culpa la consumía día a día, por lo que le salieron úlceras de estómago. Sarah no era del tipo que miente ni trama nada, así que hacerlo por primera vez le pasó factura a su salud mental.
Ella temía que la atraparan todos los días, pero no tenía el coraje de confesar.
-No sé si fue la señorita Maya la que provocó el incendio,...