-¿Estoy soñando? -los ojos de Rachel se agrandaron al ver la figura parecida a una diosa sentada frente a ella.
Se pellizcó el muslo para comprobarlo y, cuando el dolor la atravesó, supo que era real. ¡Yolanda Nicholson estaba en su oficina!
¿Cómo fue esto posible?
Esta última tenía cruzadas sus largas piernas color crema. Iba vestida con un sexy vestido negro que acentuaba su delgada pero perfecta figura. Sus rizos rubios caían en cascada sobre sus hombros. Tenía una nariz puntiaguda y un rostro diminuto con unos grandes ojos marrones preciosos.
Rachel comprendió por qué la llamaban la hada. Aunque Yolanda había abandonado el país hacía años, su fama...