-¿Por qué estás tan rápido en aceptar si no te he dicho a dónde voy? -dijo Diego mientras apretaba más a Yolanda-. ¿Y si te vendo? ¿Cómo puedes confiar en mí tan ciegamente?
Yolanda se rió entre dientes. Se apartó del abrazo y miró a Diego a los ojos, diciendo: -Sé que no harías nada que me hiciera daño. Estoy más segura contigo.
-¿Y qué hay de tu trabajo? -preguntó Diego-. ¿No firmaste recientemente un contrato con la señora Ford?
Yolanda suspiró y respondió: -Siempre puedo posponerlo y volver más tarde.
-Puede que nunca regresemos -afirmó Diego y los ojos de Yolanda se abrieron como platos.
-¿Te metiste en problemas...