Era impresionante la mirada y sonrisa de ese hombre, sus ojos destellaban ferocidad, pero a su vez humildad, pero solo verlo sonreír era todo un espectáculo.
Su sonrisa te hacía sentir una calma extraordinaria, calmaque no existía.
—Dices mi nombre como si fueras a tener una deuda conmigo_comentó juguetón.
—La tengo, nos salvaste y eso no tiene descripción—confesé agradecida.
—No es nada—respondió restándole importancia
—Claro que lo es, pero tengo una duda ¿qué hacías en ese barrio?
Dicen que la curiosidad mato al gato, pero a mí me iban a matar cinco ladrones, así que no perdía nada preguntando, no era mi problema lo que él estuviera haciendo, pero sentía...