El sol brillaba en el cielo sin una sola nube, y el aroma de las flores llenaba el aire. Era un día perfecto para disfrutar en el jardín junto a mi pequeño hijo, Nicolas. Sus risas resonaban en mis oídos, y cada vez que lo veía reír, mi corazón se llenaba de alegría, la noche anterior no había podido acostarlo, puesto que la conversación con el detective nos quito mucho tiempo y me dejó en un estafo nervioso severo, estaba perdiendo los nervios.
Sin embargo, desde hace unas horas había sentido ciertos cambios en mi cuerpo. Mi apetito se había vuelto voraz, y mi sueño parecía insaciable. Además, me había...