El medico habia decidido darme de alta asi que estoy aquí, en esta enorme mansión que parece tan familiar pero a la vez tan ajena. Las paredes están llenas de fotografías que me miran, rostros sonrientes y momentos que, según dicen, he compartido. Pero no recuerdo ninguno de ellos. Mi mente es un lienzo en blanco, una página vacía que no se llena con recuerdos ni emociones.
He visto fotos de Nicolás, mi hijo. Su rostro es una mezcla de familiaridad y extrañeza. Sé que debería sentir una conexión con él, una madre debería sentir eso, ¿verdad? Pero en lugar de eso, hay un abismo de vacío en mi pecho,...