Después de salir del hospital, Max, Nicolás y yo finalmente regresamos a la imponente mansión Duncan. Los días pasaban tranquilos mientras nos adaptábamos a nuestra nueva vida juntos como familia. A pesar de que estábamos rodeados de lujos y comodidades, algo dentro de mí no se sentía completo. Había algo que me atormentaba, una pregunta que moría por resolver.
Una noche, mientras estábamos disfrutando de una cena en la extensa mesa del comedor, no pude evitar preguntar por el abuelo Simón.
—Max, ¿dónde está tu abuelo? Me resulta extraño que no esté con nosotros, el adora a nicolas y enterarse que regresamos seria una alegria—dije mientras observaba fijamente a Max...