No lo sabía.
De igual forma ahí me encontraba: sintiéndome las entre la espada y la pared. Eliot, se acercó a mí.
—¿Qué tal te parece? Vamos a limpiar ahí, junto con mis hombres. Esto será un magnífico lugar para tener nuestros hijos —comentó sorprendiéndome.
—La bebé es de Gabriel —comenté a la defensiva alejándome de el.
—Lo se. De igual forma no me interesa.
—¡Aléjate de mí! —comenté aterrada y el se rió divertido.
Me tomo de la mano y yo sentí mi corazón latir con fuerza.
Pero de miedo.
Enojo.
Frustración.
De pronto me vi envuelta en su abrazo, empecé a llorar. Porque no quería tener el contacto...