No sabía muy bien. De qué manera quitar todo el dolor que sentía.
Volvimos a la casa, a la misma rutina. Empecé a cocinar, creo que hacerlo en parte me aliviaba. Además había aprendido muchos consejos de Eliot. El mismo sabía cocinar me había enseñado bastante. Me sentí mal, porque una parte de mí había normalizado el secuestro. Hasta incluso me ve a mí misma siendo anciana junto con Eliot. Estaba loca en pensar en algo así.
Al día siguiente, me desperté, un poco más tranquila. Pude mirar con una sonrisa, la ecografía en un cuadrito que tenía a mi lado. En ese instante, me sentí un poco menos penoso....